Si algún día lees mi reflexión quiero que sepas que nunca te odié. Si ya no te hablo ni te miro no es culpa de la repugnancia. Sólo he aceptado que no soy de tu agrado y me hice a un lado. Es así la vida y cuesta aceptar a veces que no todos te aceptan.
Es horrible descubrir en una mirada fría a la certera espalda. No sé qué juego es este. Si por tener la valentía de decir una verdad sólo te salieron los insultos, pero yo no vi la verdad si no tu verdad. Me acuerdo bien que un día me compararon contigo. Decían que debía ser como tú. No fue más grande mi rabia que la misma decepción. Todos los prejuicios llegaron a esa nefasta conclusión.
Pero yo no he sido más que yo. Muchos quieren probar a ser mejores y se aseguran de que todos lo sepan. Yo nunca quise ser así. Hablan los hechos, pero mis hechos te dicen poco porque yo no hablo de ellos. Según tu aprecio medirás a la persona. Como eres es como ves. Como crees es como actúas. Juzgaste a este ser que un día sonrió contigo y compartió en tu mesa. Cuando me acercaba a tu puerta fue porque así lo quise. No fue el compromiso sino mi aprecio. Llevar la fiesta en paz sólo significa mi silencio y mi paso de costado para no cruzarme en tu camino. Si me equivoque una vez más lo he de saber un día de estos. No es orgullo es aceptar que otros no te aceptan y aprender a vivir en paz no esa realidad.
Colaboración de Maritrini
Perú
